CAMBIA MI CORAZÓN (Miércoles 18 de septiembre de 2019)




ACTIVIDAD

Pegue un corazón rojo grande sobre un pedazo de cartón. Deje los bordes del mismo libres de cinta adhesiva para que pueda introducir su mano. Coloque un imán entre el corazón y el pedazo de cartón para que repela el otro imán. Pegue un pedazo de papel sobre otro imán que diga “bondad”.
Instruya a los niños a que traten de pegar la palabra “bondad” al corazón. Si los imanes han sido colocados correctamente, los niños no podrán pegar la palabra “bondad”. Ahora, introduzca su mano detrás del corazón e invierta el imán. Pídale, entonces, a algunos de los niños que peguen la palabra “bondad” al corazón. Ahora sí deberá poder pegarse la palabra al corazón.

EXPLIQUE

La única manera de que haya “bondad” en nuestros corazones es que Jesús los cambie desde adentro. En la lección bíblica de hoy, vamos a aprender acerca de un hombre cuyo corazón estaba lleno de codicia, egoísmo y crueldad. Pero entonces, él conoció a Jesús y su corazón fue cambiado.

LECCIÓN BÍBLICA: Zaqueo le dice “sí” a Jesús–Lucas 19:1-10

PREPARACIÓN

Pídale a los niños que se formen de lado, a una distancia de un brazo los unos de los otros, de ser esto posible. Explíqueles que pueden moverse dentro de su propio espacio personal y hacer cualquier movimiento que describa la acción que está teniendo lugar en la historia, mientras escuchan lo que se les está diciendo.

COMENTARIO

Zaqueo se encontraba sentado a su mesa de recaudación de impuestos contando dinero cuando escuchó a la gente que se encontraba a su alrededor decir: “Jesús viene. Jesús viene para Jericó”.
¡Zaqueo saltó de su silla! Él deseaba ver a Jesús.
Él comenzó a correr en la dirección que la gente estaba señalando. Él corrió y corrió y corrió hasta que llegó a donde se encontraba la multitud. Zaqueo era un hombre de baja estatura y no podía ver por sobre las cabezas de la gente que se encontraba frente a él.
Por esa razón se paró sobre la punta de sus pies. Pero todavía no podía ver.
Luego estiró su cuello tanto como pudo, mientras continuaba parado sobre la punta de sus pies. Pero todavía no podía ver a Jesús.
Zaqueo encogió sus hombros y pensó: “¿Qué voy a hacer? ¡La gente que está frente a mí son más grandes y altos que yo…y de VERDAD deseo ver a Jesús!”
Entonces avistó un árbol sicómoro. Él no apartó su mirada del árbol mientras rodeaba a la multitud. Prontamente, Zaqueo se subió sobre una rama, se sentó y esperó a que Jesús pasara por allí. Ahora sí podía ver.
Cuando Jesús llegó cerca del árbol, miró hacia arriba y dijo: “Zaqueo, bájate de ahí. Deseo visitar tu casa hoy”.
¡Zaqueo no podía creerlo! ¡Jesús le estaba hablando a ÉL!
Zaqueo bajó el árbol rápidamente y hasta se raspó la rodilla, pero no le importó. Él se sentía muy feliz de que Jesús deseara visitarlo en su casa. Zaqueo no podía dejar de sonreír.
La vida de Zaqueo cambió ese día. Antes de que él conociera a Jesús, Zaqueo era una de las personas más malvadas de la ciudad. Él le quitaba más dinero a la gente de lo que debía.
Fue por esa razón que él se había hecho rico, estafando a la gente.
Zaqueo miró a Jesús y le dijo: “Le daré la mitad de mi riqueza a los pobres. También le devolveré cuatro veces la cantidad robada a aquéllos a los que le robé”.
Jesús le sonrió a Zaqueo y dijo: “Veo tu corazón, Zaqueo, y sé que has recibido salvación hoy”.
Zaqueo le dijo a Jesús delante de todo el mundo que se convertiría en un dador en vez de ser alguien interesado en tomar para sí. También dijo que restauraría aquello que había tomado en el pasado. Él no sólo habría de devolverles a las personas que había estafado, sino que les daría mucho más de lo que les había quitado. Zaqueo confió en Jesús, cedió a Él y lo obedeció. Jesús limpió el corazón de Zaqueo y le dio la actitud correcta. Dios hará lo mismo por ti si dices “sí” a Su obra limpiadora en tu vida.

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