SIGUIENDO SUS HUELLAS






El mundo le ofrece al hombre sus caminos para que transite por ellos y siga sus pisadas. Por lo general son “puertas anchas” más fáciles para seguir y sus ofertas para una vida feliz y placentera, son atractivas y no requieren de demandas o sacrificios. La humanidad ha encontrado a través del “camino ancho” una vida “sin complicaciones”, cuando tiene que compararla con las demandas que Dios le hace para que siga las pisadas de su Hijo.

Cuando hablamos de la vida cristiana nos referimos a un llamado para andar en un nuevo camino. En este caso el modelo a imitar y seguir no es de acuerdo al molde que el mundo nos ofrece. Nuestro modelo a seguir es Cristo. Hoy día la gente tiende a imitar a sus héroes representados por el deporte, el cine, la música, las letras o las artes. Sin embargo el cristiano tiene más que un héroe en Jesucristo. Su vida ejemplar, sin tacha alguna, es la mejor garantía para guiar y orientar la vida. La convocatoria de Pedro es para que sigamos sus pisadas. El experimentó el dolor de no hacer esto en una de las etapas más difíciles y oscuras de su vida. En el momento cuando el Maestro necesitó más que su discípulo le siguiera de cerca por los terribles sufrimientos que se le avecinaban, éste le negó tres veces. De modo que nadie tuvo más autoridad para presentarnos tal llamado como lo hizo este apóstol. El aprendió por experiencia los terribles efectos de seguir otras pisadas; a lo mejor las de la propia conveniencia y la de evitar los riesgos que implica seguir a Jesús de cerca. Pero también experimentó el gozo de seguir a Jesús renunciando a si mismo. El Pentecostés fue testigo de un hombre que siguió las pisadas de Jesucristo. El libro de los hechos nos habla de un hombre que estaba dispuesto a morir antes que renunciar a seguir a Señor. Fue el quien dijo a los que pretendían prohibir hablar en ese Nombre, estas palabras: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hch. 4:19b). El cristiano no debiera poner sus pies en otras huellas que no sean las de su Salvador, Señor y Maestro. Es verdad que esto tiene una demanda muy grande, pero ninguna otra cosa traerá más satisfacción a la vida que el seguir sus huellas.

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