DIOS CREO LOS COLORES (Miércoles 17 de Enero de 2018)



Al principio todo estaba oscuro y el color que había era el NEGRO.
Para que el Negro desapareciera, Dios decidió crear el Universo.
Lo primero que surgió fue la luz.
Mucha luz para tapar aquel Negro tan triste.
La luz, la hizo BLANCA y resplandeciente para que fuera iluminando todos los seres que vinieran a continuación.
Luego creó el Cielo, tan enorme que no se le alcanzaba a ver el fin.
Decidió pintarlo de un hermoso color.
Y creó el  AZUL.
El color azul mezclado con el blanco de la luz cambiaba en cada momento.
Así resultaron el azul claro, el azul oscuro y muchísimos más tonos de azul, todos tan bellos.

Después Dios creó el Sol.




¿De qué color hizo el Sol?
 De color AMARILLO para que reluciera en los amaneceres y cegara los ojos de los osados que quisieran mirarle a la cara.

Luego decidió crear la Tierra.
Y, como apenas tiene importancia entre todos los astros del Universo, le dio un color pardusco  e intrascendente.
Al cabo de un tiempo comenzaron a salir en la Tierra  unas hierbecitas que no tenían color.
Eso no le pareció importarle demasiado al Creador y dejó el pintarlas para otro día.

   Entonces el Cielo y el Sol se dieron cuenta de lo descolorida que estaba la Hierba y decidieron ayudar a Dios en la enorme tarea de buscar colores para todo lo que iba creando.
El Cielo pensó que como su color era tan bonito, debía a enviar a la Tierra chorretones de azul.
También el Sol opinó lo mismo y preparó unos rayos amarillos para que la Hierba se pusiera en su bando de colores.

 Dios los veía actuar y se sonreía.

Porque Dios lo sabe todo.
Y sabía que cuando se mezclaran el amarillo del Sol y el azul del Cielo, surgiría el color VERDE, que era lo que él pretendía.

 El Sol y el Cielo se quedaron un poco perplejos al ver el color VERDE distinto a ellos y, sin embargo, con algo de cada uno.

Descubrieron que Dios no necesitaba ayudantes.

Cuando Dios hizo a los animales, quiso buscar el más bello de todos los colores para pintar con él la sangre que circula por sus venas.
La sangre es el agua de la vida y tenía que ser muy diferente a los otros colores.
La Hierba, que no sabía que el Sol y el Cielo habían aprendido la lección de que Dios se las bastaba solo para crear el Universo, discurrió que lo más bonito sería que la sangre fuera verde también.
Así que les mandó a todos los animales mucho color verde para que su sangre se pareciera a ella.
Dios se sonreía pensando que la Hierba no entendía de pinturas, lo mismo que el Cielo y el Sol.

Decidió darle una sorpresa.
 
Agarró Dios todo el  verde que la Hierba había enviado… le dio la vuelta con su divina mano…
Y… ¿A que no sabes qué color había detrás del verde?
¡El  ROJO!
 La Sangre se convirtió en roja para siempre.
Y la Hierba lloró lágrimas de rocío.

Pero se quedó maravillada cuando Dios, para consolarla, le colocó en medio las amapolas.
       Ya no hubo más colores.
  
Todos, absolutamente TODOS, los colores los consigue Dios combinando el  AZUL, el AMARILLO y el ROJO.

Como había conseguido el VERDE, que es hijo del Amarillo y el Azul.
Y
colorín   colorado
amarillín   amarillado
azulín  azulado
 Este cuento sí que se ha acabado.

A TRABAJAR CON LAS MANOS
Proporcionar a cada niño una página de papel bond y pintura de dedo con los colores primarios para que ellos mezclen y comprueben el cambio de los colores.



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