TEMA 3: DAVID (ESCONDIDO EN UNA CUEVA) DOMINGO 19 DE MAYO




OBJETIVOS:

-EXPRESAR LOS SENTIMIENTOS QUE TIENEN HACIA LOS QUE LES AMAN Y HACIA LOS QUE LES ODIAN.

- EXPLICAR POR QUÉ DAVID FUE UN HOMBRE DE DIOS Y SAÚL NO.

REFERENCIA BIBLICA: 1ª  SAMUEL 24

PARA MEMORIZAR: “PERO YO LES DIGO: AMEN A SUS ENEMIGOS, Y OREN POR QUIENES LOS PERSIGUEN" (MATEO 5:44)

DRAMA


EL REY EN LA CUEVA
La escena se desarrolla en una cueva con piedras salientes por aquí y por allá.
En una producción sencilla se pueden usar taburetes y bancas.
Abisaí y Abiatar, dos de los seguidores de David, entran desde afuera (quizás entrando por en medio del público) hasta la entrada de la cueva

ABISAÍ: ¡Ven! Apúrate, corre a la cueva antes que nos vea el ejército.
ABIATAR: ¡Ha de haber unos 3,000 soldados! ¿Viste su armadura?
ABISAÍ: Buena idea que David puso guardias para mantener al enemigo a la vista y avisar a nuestros hombres si se acercan
.ABIATAR: ¿Viste la furia de Saúl luchando poderosamente entre sus soldados?
ABISAÍ: Su gran manto me parecía una gigantesca ave en busca de presa. Dicen que David será su próxima víctima.
ABIATAR: Pero dentro de la cueva el Rey David está fuera de peligro

Durante el tiempo que están hablando los dos, David ha salido del fondo de la cueva.

DAVID: No hablen tan duro. Las piedras resuenan y producen eco. ¿Acaso quieren atraer a Saúl hacía nosotros?

Los tres empiezan a hablar en voz baja
ABIATAR: ¡David! No te sentimos salir... no hiciste ningún ruido...
ABISAÍ: Y está tan oscuro aquí...
DAVID: Sus ojos están deslumbrados por el sol. Después de un rato, ¡verán tan bien como cualquiera
David camina hasta el fondo de la cueva de nuevo
Mientras tanto, tengan cuidado de escuchar bien. Un paso en falso puede significar gran peligro.
ABIATAR: ¿No sería mejor huir? David está seguro que ganaremos... pero ¿cómo
ABISAÍ: Si él pudiera pelear con Saúl a solas y matarlo como mató a Goliat..
.ABIATAR:¡Sí... si pudiera! ¡Shh! ¿Qué fue eso?
ABISAÍ: Una piedra. ¿Un águila rebotando por la colina?
ABIATAR:¡Debe haber alguien acercándose!. (Escuchan con mucha atención...) Sí ¡Escucha! Se oyó otra vez.
DAVID: No tengo nada de fe en esta cueva oscura. Pero en la sombra de tu mano Oh, Dios, me escondo, porque Tú puedes salvar Y solamente Tú. Tú eres mi ayuda. Déjame escapar como un pájaro De las redes que Saúl tiende para mí.Mil soldados a su palabra Me matarían en su nombre. Oh, ¿dónde? Clamo a ti, ¿a dónde iré? No hay ayuda de otros dioses, No hay ayuda, Señor, fuera de ti.
Silencioso Saúl se asoma a la entrada de la cueva.
ABISAÍ: ¡Hay alguien allí! ¡Es uno de los hombres de Saúl!
ABIATAR:¿Está solo? Si es así no vivirá para contar la historia (agarra su espada)
DAVID: ¡No te apresures! No estoy seguro...
ABIATAR: Está solo y no se percata del peligro. ¡Miren! Se sienta. Ha de estar cansado. El aire está fresco aquí. Seguramente se está refugiando del calor.
ABISAÍ: Y de la caza. Quisiera verle temblar sabiendo que su vida pende de un hilo...
DAVID: Él pensaría eso de nosotros si supiera que estamos aquí. Qué extraño... contra la luz, su cabeza se parece a...
ABISAÍ: ¡Por todos los cielos, miren!
ABIATAR: ¡Ya lo tenemos!
DAVID: ¡Se va a dormir! No le daremos oportunidad de que nos mate. Vamos acerquémonos con cuidado para no despertarlo (se inclina sobre Saúl que está dormido) ¡Sí! ¡Es el rey!
ABISAÍ: ¿Qué dijiste?
DAVID: ¡Es el Rey Saúl!
ABIATAR: Haz con él como te parezca. ¿Viste? El Señor lo entregó en tu mano.
DAVID: Escogido por Dios entre todos nosotros, es el ungido de Jehová
.ABISAÍ:¡Te hubiera matado a ti!
DAVID:¿Tengo que cortar yo el hilo de vida que Jehová ha formado?
ABIATAR: Él te haría mucho peor si tuviera la oportunidad.
DAVID: Tomaré mi espada.
ABIATAR: ¡No vaciles!
DAVID: Y le cortaré...
ABIATAR: ¡Sí hazlo!
DAVID: Cortaré la orilla de su manto, Entonces verá que no quiero hacerle daño: Que reconciliaría nuestra contienda. Mi espada probará mi inocencia...A cortar su manto y perdonarle la vida.
David corta el manto de Saúl
Oh, Saúl, mi rey. ¿Dónde están los días
Cuando en la corte tocaba mi arpa
Y con la ayuda de Dios las cuerdas melodiosas
Aliviaban tu corazón afligido
David tiene que esconderse en cuevas tenebrosas;
Saúl en la luz del sol tiene su lugar.
Pero él que en la oscuridad se siente
Puede ver la gloria del rostro de Jehová.

ABISAÍ: Creo que veo el fulgor del bronce y lanzas centellando en el sol.
Saúl se mueve
ABIATAR: Oh ¿por qué no lo mataste mientras dormía y se podía hacer?
Saúl se levanta despacio y se pone su manto contemplando el paisaje
SAUL: Mis hombres están allí en las cumbres
Continuando con la caza.
En las fisuras y las cuevas
 Buscan La presa que no deja rastro
Saúl sale de la cueva
DAVID: ¡Mi señor el rey!
SAÚL: ¿Quién es?
DAVID: Tu servidor, David, señor.
SAÚL: ¿David? ¿Mi enemigo?
DAVID: La presa a quien buscabas.
SAÚL: ¿Y tú quieres que crea Que mientras dormía desarmado David, el hombre a quien traté de matar Me encontró y me dejó ileso?
DAVID: Saqué mi espada solamente para esto.
Le muestra a Saúl, la orilla de su manto
Aunque Jehová te ha puesto en mis manos
Sin embargo Él mismo te ungió
Rey de Su Pueblo escogido
Por medio de Samuel y yo no extenderé mi mano
Contra ti y no cortaré un cabello de tu cabeza.
SAÚL: ¡David! Parece que había perdido el juicio
Me sentía tan celoso cuando decían
Que tú eres tan valiente como fuerte
Mi cabeza se llenó de orgullo maligno
Pensé: Jehová ya no me ama.
Seguramente Jehová está del lado de David.
DAVID: De repente mientras dormías
Me di cuenta que Jehová no desea nuestra muerte.
Saqué mi espada pero Él detuvo
La hoja que hubiera terminado tu vida.
Y para que ni tú ni yo
Nos olvidemos de Quién es nuestro Juez
Tendré esta tela como señal.
SAÚL: Él te escogió, David, en la cueva.
Tú fuiste su instrumento para mostrarme
Que en mi envidia me equivoqué.
David, cuando asciendas al trono
Acuérdate de nuestra larga amistad.
Y por esa orilla del manto yo prometo
Que habrá paz entre los dos ahora.
APLICACIÓN A LA VIDA DIARIA:
El contraste entre el trato de Saúl a David (odio, enojo, celos, etcétera) y la respuesta de David (respeto para Saúl como "el ungido de Dios"), nos hace ver que es posible amar a nuestros enemigos. Los niños verán el valor que Dios da al hecho de amar a los enemigos, aunque esto realmente nos resulte difícil. Pero, si pedimos la ayuda de Dios y obedecemos lo que Él nos dice, podremos hacerlo y seremos bendecidos
A TRABAJAR CON LAS MANOS


EL SIERVO QUE NO PERDONÒ (Miercoles 22 de mayo 2019)




MATEO 18:23-35

¿Has pensado alguna vez en cuántas veces debes perdonar? Si alguien te ofende, ¿bastará que le perdones una vez?
Pedro, uno de los discípulos de Jesús, pensaba en esto. Un día le preguntó a Jesús cuántas veces debía perdonar a alguien que le había ofendido.
–¿Siete veces?
–No siete veces –dijo Jesús–. Más bien, ¡70 veces 7!
Si alguien te ofende, ¿contarías cuántas veces le perdonas? Tal vez podrías llevar la cuenta cuatro o cinco veces, pero después sería difícil. Jesús quiso decir que debemos perdonar cada vez que alguien nos ofende.

EL REY Y EL SIERVO DEUDOR

Jesús le puso un ejemplo a Pedro contándole una parábola. Las parábolas son historias con enseñanzas.
Un rey quiso poner al día las cuentas con sus siervos. Uno de sus siervos le debía millones de monedas de plata. Como el siervo no tenía dinero para pagar su deuda, el rey ordenó que lo vendieran como esclavo, con su esposa y sus hijos. Esa era la costumbre cuando alguien no podía pagar una deuda.
Inmediatamente el siervo cayó de rodillas ante el rey y suplicó que le perdonara.
–Tenga paciencia conmigo –le rogó–, y se lo pagaré todo.
El rey tuvo compasión del siervo y le perdonó la deuda.

EL COMPAÑERO DEL SIERVO

Apenas salió de la presencia del rey, el siervo se encontró con un compañero que le debía unos miles de monedas de plata. Eso no era nada en comparación con la deuda que el rey le había perdonado. Pero el siervo no pensó en eso, sino que agarró al hombre por el cuello y le exigió que le pagara lo que le debía.


–Ten paciencia conmigo –le suplicó su compañero–, y te lo pagaré.
Pero el siervo que había sido perdonado no quiso perdonar. Hizo arrestar su a compañero y lo puso en la cárcel hasta que pagara toda la deuda.

EL REY CASTIGA AL SIERVO

Cuando los compañeros del siervo vieron que éste no quiso perdonar, les pareció muy injusto. Inmediatamente se lo informaron al rey.
Entonces el rey mandó llamar nuevamente a este siervo.


–¡Siervo malvado! –le dijo–. Te perdoné una tremenda deuda porque me rogaste. ¿No deberías haber tenido compasión de tu compañero, así como yo fui amable contigo?
Muy enojado, el rey entregó al siervo a los carceleros, para que lo pongan en la cárcel hasta que cancele todo lo que debía.



PERDONA DE CORAZÓN

¿Qué crees que pensó Pedro al escuchar esta historia? ¿Te parece cosa seria no perdonar? Fíjate lo que dijo Jesús al finalizar esta historia:
«Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes,
si no perdonan de corazón a su hermano.»

NO GUARDES RENCOR

Si alguien te ofende, no guardes rencor en tu corazón. Perdona y pon en manos de Dios la ofensa.
No es fácil perdonar, especialmente si te te tratan injustamente. Puede ser un amigo o un vecino que te ofende. A veces, hasta alguien de tu propia familia te puede tratar mal. ¡Perdona a la persona!
El rencor es un veneno mortal. Te roba la paz en tu corazón. Dios quiere que en vez de odio llenes tu vida de amor.

SIGUE EL EJEMPLO DE JESÚS

Jesús vino a este mundo para darnos perdón. No todos lo aceptaron; muchos lo odiaron. Fue maltratado, lo acusaron falsamente, lo insultaron, se burlaron de Él… Pero al morir en la cruz, pidió a Dios que perdone a los que lo maltrataron.
Con la ayuda de Dios, sigue el ejemplo de Jesús. Perdona a los que te tratan mal. ¡Perdona cualquier ofensa!


https://clubperlita.wordpress.com/2016/06/23/el-siervo-que-no-perdono/

TEMA 4: JUAN (SE VISTIO DE PIELES) DOMINGO 26 DE MAYO





0BJETIVOS:

-ENTENDER CUÁN ORDINARIO ERA JUAN EL BAUTISTA

-DESCUBRIR LA FE QUE DIRIGIÓ A JUAN EL BAUTISTA.

 -DESEAR DEJAR A DIOS HACER COSAS EXTRAORDINARIAS EN SUS VIDAS.

REFERENCIAS BIBLICAS: Isaías 40:3, Malaquías 4:5-6Mateo 3, 14, 21:32Marcos 1:1-14, 6:14-29Lucas 1, 3:1-22, 5:33, 11:1Juan 1, 3:22-36

PARA MEMORIZAR: ISAIAS 40:3

QUE DICE LA BIBLIA:

Nuestro héroe: Juan el Bautista
Su Hazaña Heroica: Ayuda a la gente a volverse a Dios.
Puede ser que ayudar a gente a volverse a Dios no suene muy heroico, pero echemos un vistazo a los hechos y veamos qué piensas cuando hayas escuchado la historia completa.
En el Antiguo Testamento, después de que Nehemías ayudó al pueblo a reconstruir el muro alrededor de Jerusalén, también fue reconstruido el templo. Pero había un problema; después de todo por lo que habían pasado, la gente seguía desobedeciendo a Dios. La presencia de Dios se fue del templo y Dios estuvo en silencio por cientos de años. Todo lo que la gente tenía como palabra de Dios era lo que tenían escrito o que se les había dado antes. Y eso era suficiente para saber cómo seguir a Dios. También estaban las profecías, cosas que Dios había prometido, pero que no ocurrían todavía. Había la promesa de que el Mesías, el Enviado de Dios rescataría a Su pueblo. ¡Oh, cómo esperaba el pueblo al Mesías! Pero antes del Mesías, alguien vendría para preparar el camino para él.
El silencio de Dios fue roto cuando el ángel Gabriel vino de Dios con un mensaje para el sacerdote Zacarías. Dios había escuchado las oraciones de Zacarías y les iba a dar  a él y a su esposa un hijo. Lo llamarían Juan. Gabriel le dijo a Zacarías que Juan traería gozo a mucha gente y sería un gran hombre de Dios. Incluso, Gabriel dijo, “Hará que muchos israelitas se vuelvan al Señor su Dios... Él irá primero, delante del Señor, con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con los hijos y guiar a los desobedientes a la sabiduría de los justos. De este modo preparará un pueblo bien dispuesto para recibir al Señor.” (Lucas 1:16, 17 NVI) Todo sucedió justo como el ángel dijo que sucedería. Después del nacimiento de Juan, Su padre fue lleno con el Espíritu Santo y profetizó. Él dijo, Y tú, hijito mío, serás llamado profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor para prepararle el camino. Darás a conocer a su pueblo la salvación mediante el perdón de sus pecados.” (Lucas 1:76, 77 NVI) ¡Qué noticia! ¡Qué gran responsabilidad!
Juan creció como cualquier otro niño, pero también se fortaleció de espíritu. Juan vivió en el desierto hasta que empezó a predicar a la gente de Israel. Juan vistió con ropa hecha de pelo de camello con cinturón de piel alrededor de su cintura. Su alimento constaba de langostas y miel salvaje. Y aunque Juan era muy diferente, una vez que empezó a predicar, su mensaje atraía gente hacia él. La gente venía de todas partes de la región para escuchar a Juan. Algunos incluso empezaron a seguirle.
Cuando la gente venía, Juan no habló acerca de él mismo o del clima. Juan les dijo que no simplemente dependieran de tener a Abraham como su “padre.” Él los bautizaba en el río Jordán para mostrar que ellos se habían vuelto de sus pecados y les decía que pusieran en práctica lo que creían. Así que la gente preguntaba lo que tenían que hacer. Juan les decía que compartieran con aquellos que tuvieran necesidad. Los cobradores de impuestos vinieron y le preguntaron lo que ellos deberían hacer y él les dijo que fueran justos. También vinieron soldados y Juan les dijo que tuvieran contenta-miento con lo que tenían. Cuando la gente empezaba a preguntarse si él era Aquel que Dios había prometido hacía mucho tiempo, Juan les señalaba a Jesús. Les decía que había Uno que venía después de él que era más grande de lo que él era. Juan citó a Isaías 40:3 para explicar quién él era. (Lean Isaías 40:3)Jesús también vino a Juan para ser bautizado. Juan sabía que Jesús era el Enviado de Dios, el Mesías. Juan le dijo a sus seguidores, “Al día siguiente Juan vio a Jesús que se acercaba a él, y dijo: «¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!
 De éste hablaba yo cuando dije: “Después de mí viene un hombre que es superior a mí, porque existía antes que yo.” (Juan 1:29-30 NVI) Dos de los discípulos de Juan lo dejaron para empezar a seguir a Jesús. Y cuando los discípulos de Jesús, quienes también bautizaban, tenían más gente siguiéndoles que a Juan, Juan guio a sus discípulos. Les recordó que él no era el Cristo (o el Mesías). Juan se comparó así mismo con el novio en  una boda. El novio es aquel que se va a casar con la novia. El novio está feliz por la novia. Juan estaba feliz por el novio y por oír Su voz. Entonces Juan dijo, “A él le toca crecer, y a mí menguar.” (Juan 3:30 NVI) Como verás, Juan sabía por qué estaba vivo para ayudar a la gente a volverse a Dios, para llevarlos a Cristo, nada más, nada menos

APLICACION A LA VIDA DIARIA:

Cuando vives una vida de fe en Jesucristo, no tienes que saltar edificios altos para ser un héroe. Juan el Bautista ayudó a gente a volverse a Dios. Juan sabía desde el nacimiento que para esto él había nacido. ¿No sería maravilloso si hubiéramos nacido sabiendo lo que Dios quiere que hagamos? Si no conoces a Dios, ¿sabías que tú estás donde estás para que lo busques? Y si tú conoces a Dios, ¿sabías que estás exactamente donde tú para permitir que otros vuelvan a Jesús tal y como Juan lo hizo?

A TRABAJAR CON LAS MANOS

Colocar pedazos de lana en el vestuario de Juan




EL ARROYO QUE DEJO DE CORRER (Miercoles 29 de mayo 2019)





  

 Era un día hermoso. El sol alumbraba como de costumbre cuando   Arroyo se despertó de un profundo sueño. 

Abrió los ojos para mirar al  mundo que lo rodeaba.   –Hola, arroyito, ¿cómo estás? – Le saludó el Sol al ver que Arroyo pestañeaba bajo sus rayos. – ¿Quién eres tú? No te conozco. –Por supuesto que no, si acabas de despertarte –le respondió el Sol, riendo–. Ya es tiempo que te muevas un poco. Has dormido toda tu vida; ahora, haz algo útil. Debes alegrar al mundo con tu agua cristalina. Las flores, los pajaritos, y los niños están esperando para beber de tus ricas fuentes. –Entonces, me voy corriendo ahora mismo –decidió Arroyo. –Sí, apúrate, ¡mira hacia adelante y no te detengas nunca! – l e advirtió el Sol–. Si no corres, te va a ir muy mal. 

Arroyo bajó por las montañas y se sintió muy feliz de correr entre las piedras y saludar al mundo. Luego pensó: “Iré por donde se me antoje y haré mi voluntad. El Sol se equivoca si cree que voy a trabajar todo el tiempo. Cuando me dé la gana, voy a detenerme a jugar.» El primer día, todos los pajaritos se acercaron a saludarlo, cantando sus lindas canciones y hundiendo sus piquitos en el agua. Cuanto más corría Arroyo, mejor se sentía y más pajaritos veían por el camino.

 Arroyo llegó a una linda pradera. Allí jugaban las ovejitas, unas vacas, un perro, y varios niños. «Me gusta este lugar –dijo feliz–. Me quedaré aquí. No me importa lo que dijo el Sol de que debo seguir corriendo. “Y allí se quedó Arroyo. Al día siguiente los pajaritos volvieron a tomar de las aguas de Arroyo, unos niños se bañaron alegres, y las ovejas y las vacas también se refrescaron en sus aguas.  Al tercer día, voló por encima de Arroyo una bandada de pájaros, pero al acercarse al agua, movieron tristemente la cabeza. – ¡Qué fea está el agua! No la podemos tomar –dijeron. Arroyo tenía mal genio y se enojó con los pájaros. –No me importa lo que dicen esas tontas aves –dijo Arroyo. Pero sí le dio importancia. Esa noche lloró mucho ya que nadie se le quería acercar. Pasaron varios días, sin que nadie se acercara a Arroyo. Una mañana, voló sobre él un gorrión y le preguntó: – ¿Sabes por qué ya no toman de tus aguas los pájaros?–No. ¿Qué les ha pasado?

Es que ya no eres un lindo arroyo, sino solamente agua sucia y maloliente. ¡Mírate! Arroyo se miró de pies a cabeza y se asustó al verse. Sus aguas eran negras y sucias y por encima se había formado una tela verdosa. – ¡Este no soy yo! –Gritó desesperado. –Sí, eres tú –le dijo Gorrión–. Te has puesto así porque te quedaste quieto. Deberías haber seguido corriendo, como te aconsejó el Sol. Él sabe lo que mejor te conviene.
 
Entonces Arroyo decidió que volvería a correr; pero no pudo hacerlo. Estaba preso entre una masa de hojas y hierbas podridas. ¡No podía moverse!– ¿Quieres que te ayude? –le preguntó el amable Gorrión. Saltó junto a Arroyo para recoger con su piquito las hojas y los palos que no lo dejaban correr. Trabajó pacientemente, pero al fin se cansó y dijo a Arroyo que ya no podía más. –Me moriré aquí –lloró nuestro amiguito desobediente. –No llores –le consoló Gorrión–. Yo iré a buscar ayuda para que de nuevo puedas correr por las montañas. 

Después de un rato, el buen Gorrión volvió con sus amigos gorriones, y entre todos retiraron las hojas y los palos que se habían amontonado.–Corre, corre, Arroyo –cantaron en coro. Arroyo no esperó que se lo dijeran otra vez. Se escurrió, se deslizó, corrió, y saltó entre las piedras, loco de alegría. – ¡Cuidado con dejar de correr! –Le gritaron los gorriones–. Ya sabes lo que te puede suceder si no corres. ¡Arroyo siguió corriendo! ¡Nunca más quería quedarse prisionero! Si sales al campo, lo vas a ver. Desde ese día, no ha dejado de correr, porque aprendió que la desobediencia trae muy tristes consecuencias.

 Cada una de sus criaturas Dios ha dado un trabajo. Cuando cada uno cumple su responsabilidad todo marcha bien. Aun el insecto más diminuto tiene una función que cumplir. A los niños les corresponde obedecer a sus padres y maestros y cumplir con sus deberes. Así crecerán y desarrollarán en ciudadanos útiles. Pero más que nada a todos nos corresponde obedecer a Dios y su Palabra.

Sirve sólo al Señor tu Dios...Obedece sus mandatos, escucha su voz. Deuteronomio 13:4, NTV